ASTRONOMÍA INCA

ASTRONOMÍA INCA

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EL COMPLEJO SISTEMA DE LA ASTRONOMÍA DE LOS INCAS

ASTRONOMÍA INCA: La civilización inca en Perú le dio gran importancia a la astronomía. Fueron la única cultura en el mundo que definió las constelaciones de luz y oscuridad. Los incas no solo identificaron constelaciones y estrellas individuales, sino que también les asignaron un propósito. Creían que todo en nuestro mundo y sus alrededores estaba conectado. Contemplar un cielo nocturno estrellado es mágico. La gente siempre ha estado fascinado con las estrellas y ha intentado encontrar significado en lo que vio en el cielo.

La astronomía fue uno de los estudios más importantes para la civilización inca y, por supuesto, la desarrollaron muy bien. Pudieron definir constelaciones, estrellas, el paso del tiempo, el cambio de estaciones, etc. La ciudad inca de Machu Picchu está completamente construida de acuerdo con el sol; lo mismo sucede con los viejos edificios de la ciudad de Cusco, cuyas calles fueron diseñadas para imitar las constelaciones de ellas.
Los incas florecieron en las montañas de los Andes en América del Sur desde los siglos XII al XV. Tienen un gran imperio que se extendía desde la actual Colombia hasta Chile. La adoración era muy importante para ellos y tenian una religion complicada, estrechamente vinculada con la astronomía. Los incas adoraban a varios dioses, incluidos Viracocha (El Creador), Inti (El Sol) y Chuqui Illa, el dios del trueno. También adoraban a las huacas, espiritus que se creía que habitaban cualquier fenómeno notable, incluyendo grandes rocas, árboles, arroyos o cascadas.

En general el cielo era muy importante para los incas. Tanto la luna como el sol fueron vistos como dioses y construyeron pilares y templos extravagantes con gran precisión para que estos «cuerpos celestiales», pasen sobre las estructuras o a través de ventanas en dias especificos. Los eventos más cruciales para los incas generalmente involucran la salida y puesta del sol, la luna y las estrellas.
La astronomía fue muy importante para la civilización inca, en parte debido a la importancia de la agricultura. La astronomía se utilizó con fines agrícolas. Cusco, por ejemplo, se encuentra en un plan radial, imitando el cielo y señalando eventos astronómicos específicos en el horizonte. De manera similar a los antiguos egipcios, esta era una cultura basada en el horizonte. Construyeron pilares cuidadosamente colocadas en montañas y colinas con vistas a Cusco, por lo que cuando salió el sol o se puso entre estos pilares, sabían que tenían que plantar a una altitud específica.

Al mirar las estrellas , el Inca noto muchos animales y otras representaciones de su vida cotidiana. Creían que Viracocha se había asegurado de que cada animal tuviera una estrella correspondiente y que todos los seres vivos estuvieran protegidos. Agrupar estas estrellas en constelaciones se volvió muy importante para los incas.
El inca clasificó las constelaciones en dos grupos. Las primeras y más comunes agrupaciones de estrellas se vincularon de una manera de conectar los puntos para crear imágenes de animales, dioses, heroes y mas. Estas constelaciones se consideraron inanimadas. Se creía especialmente que un grupo de estrellas conocido como Pléyades era influyente sobre el bienestar de los animales. Los Pléyades no fueron vistos como un dios mayor para el Inca, sino que lo vieron como una huaca a la que los chamanes harían sacrificios regulares.

El segundo tipo de constelaciones solo se podía observar cuando no había estrellas: eran las manchas oscuras o manchas en la Vía Láctea. Estas manchas oscuras se consideraban animales vivos (animados). Se creía que los animales vivían en la Vía Láctea, que consideraban un río. Los incas fueron unas de las pocas civilizaciones que pudieron localizar sus constelaciones sin la presencia de estrellas.

Algunas constelaciones populares de animales que identificaron:

* Mach’acuay – La Serpiente
* Hanp’atu – El Sapo
* Yutu – El Tinamou
* Urcuchillay – La Llama
* Atoq – El Zorro

La adoración inca de las estrellas y las constelaciones oscuras nos muestra que esta cultura creía que todo a su alrededor estaba conectado. El cielo tenía un significado muy especial en el manejo de esta civilización y la vida cotidiana impactada. Incluso la construcción del famoso sitio de Machu Picchu está conectada a las estrellas. Los estudios arqueológicos y etnológicos ahora sugieren que Machu Picchu era un sitio ceremonial sagrado, un sitio de experimentacion agricola y un observatorio astronómico.

COMO ERA EN VERDAD LA IDEA DE SU COSMOS PARA LOS INCAS

Quizás uno de los cronistas que ha descrito con mayor prolijidad sobre el concepto de la astronomia y su interpretación es sin lugar a duda Pachaquti Yaque Salcamayhua, quien en una placa de Oro hace un resumen de las principales deidades y significados desde el punto de vista de la religion y la astronomía de los andes del Perú, que aun esta en practica.

PACHACUTI YANQUE SALCAMAYHUA Y SU APUNTE SOBRE LA ANTIGUA ASTRONOMÍA DE LOS INCAS

La crónica de Santacruz Pachacuti tiene un objetivo, a saber, demostrar el carácter monoteísta de la religión incaica por el vislumbre de la sola razón natural y, en consecuencia, reivindicar la condición religiosa y racional del indio perulero.

El cacique cronista Santacruz Pachacuti es un personaje nacido a fines del siglo dieciséis y aparentemente muere en fecha desconocida en la primera mitad del siglo diecisiete. Autor de una Relación de las antigüedades de este Reyno del Piru, de breve extensión pero de valiosa información etnohistórica y filosófica. Nació posiblemente en Orcosuyo, a fines del siglo XVI. Era un cacique perteneciente al grupo de los collahuas, de la región del altiplano o meseta del Collao.

La Relación de las antigüedades de este Reyno del Piru, está escrito en un castellano embrionario, surtido de locuciones en quechua y aymara, es una recopilación de tradiciones incaicas, acompañadas de valiosos dibujos. La obra debió ser escrita entre 1620 ó 1630 (otros dicen en 1613), y fue publicada recién en 1879 por el americanista y erudito español Marcos Jiménez de la Espada, con otras dos crónicas, bajo el título de Tres relaciones de antigüedades peruanas. El original se halla en la actualidad en la Biblioteca Nacional de Madrid y existe una edición anterior, en inglés, realizada por el historiador británico e perseverante trotamundos sir Clements R. Markham en 1873.

La Relación en cada capítulo es un cantar sobre la vida de un Inca. Los collas fueron enemigos de los Incas, pero Santa Cruz Pachacuti manifiesta respetuosa rectitud en su narración. Esta serena actitud suya contrasta notoriamente con la afiebrada de Guamán Poma y debió estar motivada por la nostalgia del pasado incaico ante las desventuras del momento colonial. Su obra en la forma es parecida a la de Guamán Poma de Ayala, en lo desabrido del lenguaje y en lo expresivo de los dibujos que ilustran el texto. Pero contrasta en el fondo, porque carece de una idea propositiva. A lo sumo se limita a recrear un pasado perdido. Pero en esta recreación del pasado vibra latente no sólo la nostalgia, sino también la reivindicación de un mundo mítico-poético que se sobrepone a la destrucción material de la cultura autóctona.

Todo símbolo es un signo, pero no todo signo es un símbolo. Esto es, que el mundo simbólico está cargado de ser, valores y lenguaje metafórico, de intuición perceptiva, resulta siendo interno a la cosa misma. Lo simbólico es captación primaria del mundo, habla de lo eterno en el mundo y en el hombre. Es más, contiene una metafísica espiritualista. No hay que olvidar que el hombre precolombino es profundamente religioso y maneja el lenguaje numinoso de los símbolos. Vive en el contexto máximo de una metafísica natural, vive lo inexpresable en lo expresable, se desenvuelve en la dimensión de lo inverificable. Es muy significativo que estos dos cronistas indios recurren a los profusos dibujos para transmitir ideas. Es como si la estructura comunicacional de un pensar simbólico ancestral reclamará su espacio y derecho de existencia. Se trataría de un modo de filosofar mitocrático, propio de las civilizaciones ancestrales, unida a la mística, lo religioso, metafórico y simbólico. La comunicación por excelencia para el pensar logocrático es la idiomática, pero para el pensar mitocrático es la no-idiomática (ritos, arte, mística). Aquí en estas dos obras se pone de manifiesto que el sentido lógico no puede decretar la inexistencia de otros sentidos (perceptual, intuitivo, emocional, estético, ético, religioso y metafísico). En todo caso es notorio que la lógica norma cómo se debe pensar más no lo que se debe y puede pensar. Esto es que en sus obras conviven el concepto abstracto de la lógica con el concepto artístico del símbolo. No en vano el pensar mitocrático es profundamente estético mientras que el pensar logocrático es eminentemente lógico.

En otras palabras, los dibujos nos colocan ante un problema de carácter metalógico, donde conocer no es copiar ni conceptualizar sino interpretar. Y esto nos lleva hacia una dimensión en la que el conocer está moldeado sobre la interpretación de la realidad. La interpretación alcanza lo real, porque lo real tiene que ver no sólo con lo que es inmanente a la interpretación, sino también a lo que es trascendente a ésta. Pero hay algo más. Y es que ambos textos demuestran que en el pensar andino precolombino el pensar simbólico tiene varias dimensiones, a saber: estética, mística, celebrativa, y lógica. Por eso es erróneo sostener que el andino siente antes que conoce o piensa la realidad, porque por medio del sentido significativo perceptual también se piensa y conoce la realidad. Por eso es de interés filosófico uno de los más sugestivos dibujos de una composición de imágenes que aparentemente habría figurado en la pared principal del altar mayor del templo cuzqueño del Coricancha y que representa la cosmovisión andina o el mapa cosmogónico.

PACHACUTI YANQUE SALCAMAYHUA Y SU APUNTE SOBRE LA ANTIGUA ASTRONOMÍA DE LOS INCAS

Ahora bien, entre los dibujos que presenta la obra de Pachacuti Yamqui está la pared principal del altar mayor del templo cuzqueño del Coricancha y que supuestamente representa la cosmovisión andina o el mapa cosmogónico. A tal grabado le llamó Chakana, que significa puente o escalera y que permitía la unión del hombre con el cosmos. Es en realidad una figura de cuatro puentes unidos en forma de cruz cuadrada de doce puntas y con la imagen de una deidad en el centro. Este símbolo es milenario, se le ha encontrado en el Complejo arqueológico de Ventarrón, distrito de Pomalca, en Lambayeque, y tiene forma de Chakana, ostentado la sorprendente antigüedad de entre cuatro a cinco mil años, y demostraría la idea de separación cósmica entre el Mundo y el Ordenador, lo inmanente y lo trascendente. Se ha dicho que en su geometría la Chakana encierra el concepto de número irreal Pi y el número real veintisiete. En todo caso no es seguro que tales conocimientos hayan sido propios del saber precolombino, y aquí lo importante es cómo llama Pachacuti Yamqui al grabado. Para él se trata de un puente, un nexo comunicante con otra dimensión. No es extraño que una civilización agrocéntrica tenga que ser cosmocéntrica dentro de su afán por dominar la naturaleza. En consecuencia, no es extraño que Pachacuti Yamqui al describir el contenido de la Chakana incluya elementos estelares. Pero la cosmografía andina no es producto de un primordial interés científico, sino de un esquema sacral, oracular, teúrgico y mántico. En otras palabras, lo cosmográfico se subsume a la historia de su religión y a su afán por lo numinoso. No hay duda que la chakana describe una situación límite del hombre, a saber, revelar lo sagrado, cósmico y transhistórico, que repite indefinidamente los arquetipos celestes. En otras palabras, la chakana es el registro de lo que el chamán o el amauta logran ver o conocer en el trance místico o la meditación especulativa. Pero lo que nos va a ofrecer el autor es la primera imagen sincrética de la religiosidad andina, pues mezcla elementos andinos con elementos cristianos. El resultado es un híbrido, una recomposición de la nueva imagen del mundo que tienen los hombres andinos después de la Conquista.

Efectivamente, el mundo está organizado según el principio andino de hanan-hurin aplicado en dos dimensiones, la horizontal y la vertical. Dos ejes, Hanan y Hurin, dividen el espacio en cuatro campos distintos. Los campos inferiores están organizados de manera inversa con respecto al espacio superior. Semejantes estructuras cuatripartitas se encuentran en otras representaciones espacio-temporales andinas. Encabeza el Orden la deidad de Viracocha Pachayachachic o Señor del Universo, ordenador de todo lo que existe, en el que la pareja humana es parte armónica del todo. Es curioso que su nombre esté mencionado sobre una figura ovoide, que podría hacer alusión al huevo cósmico como eje del mundo y de todas las regiones celestes. Las representaciones del Sol y la Luna, así como otras estrellas, no son figuraciones astronómicas sino caracteres religiosas. El marco y el contorno del dibujo de Pachacuti, así como la distribución de sus figuras, se asemeja al retablo de una iglesia cristiana, lo que lleva a pensar que lo prefigura para que pueda ser aceptado por un auditorio español.

Se trataría, entonces, del Retablo de la Ordenación y no de la Creación, donde el Señor Universal ordena todo hacia la derecha y hacia la izquierda, por parejas. Llama la atención que no se consigne el Ucu Pacha o mundo de abajo, especialmente porque los incas consideraban que a la muerte proseguía una forma de vida similar a la experimentada en este mundo. Esta omisión hace suponer que tal mundo puede estar representado ocultamente en el dibujo de la mamapacha o de la mamacocha, como medios de acceso al Ucu Pacha. Cuenta la tradición que Manco Cápac había fijado en una pared del Coricancha una plancha de oro fino la imagen de Wiracocha Pachayachachic y que Mayta Cápac hizo renovar aquellaplancha añadiendo varias figuras en torno a ella. Según Santacruz Pachacuti el cuadro del Coricancha debe enseñar a recordar el poder exclusivo de Wiracocha en oposición a los poderes muy inferiores de todas las cosas del mundo, que no eran sino sus criaturas y que, por consiguiente, hay que abstenerse de adorar a cualquiera de sus criaturas, aunque se tratase de la más alta, es decir, que los peruanos debían despreciar los cultos politeístas (por ejemplo, el culto al sol).

Si el Inca Garcilaso quiso salvar la organización social del incario, sobre todo el principio de justicia, y los andinos del siglo dieciséis organizaron las ceremonias mágicas en las huacas del Taqui Oncoy para expulsar al invasor, Santacruz Pachacuti quiso salvar su religión mediante la expurgación del politeísmo. La diferencia con Guamán Poma es que éste atribuye la introducción de la idolatría solar a los mismo incas y libra de ese defecto a los indios pre incas que, según él, adoraban un solo dios. Nuestro cronista indio, Santacruz Pachacuti, aparentemente tuvo la intención de probar mediante la interpretación del retablo cosmogónico que los incas no eran idólatras, adoraban a un solo dios y que repugnaban el politeísmo. Si este es el caso en la práctica no tendría oportunidad de éxito, porque su obra es escrita en plena campaña de la extirpación de las idolatrías, quedaba la memoria de los cronistas toledanos que le atribuían carácter idolátrico a la religión inca, y, además, era conocido que existía junto al dios uraniano Wiracocha todo un panteón de dioses tectónicos o divinidades del sustento como el agua o Illapa, y la tierra o Pachamama. En el momento de la Conquista la divinidad que recibía mayor atención era Illapa, y ochenta años después, o sea cuando Santacruz escribe su crónica, la resistencia de la religiosidad andina se concentraba en Wiracocha. Tal estrategia no funcionó, con el tiempo dicha divinidad sería olvidada y su lugar sería ocupado por la divinidad cristiana.

En otras palabras, Santacruz intenta hacer una lectura cristiana del retablo cosmogónico andino, con un solo dios universal y creador, que rechaza todo politeísmo y que no tiene objeto perseguir al culto a Wiracocha porque en el fondo se trata del mismo dios cristiano. Pero es muy plausible que en el dibujo nuestro cronista indio haya omitido adrede otras representaciones originales andinas, como el Ucu Pacha o el infierno, y forzado la representación religiosa del incario para hacerla compatible con la cristiana. Pero la constatación etnológica e histórica nos lleva, más bien, hacia una religión henoteísta, con un dios principal y varias divinidades secundarias. Santa Cruz debió conocer aceptablemente el cristianismo, porque en su dibujo del retablo no hay rastros del mito teogónico del caos original que debe acompañar a una divinidad ordenadora.

En suma, Santacruz Pachacuti define a Viracocha como dios creador, omnipotente y único frente a sus criaturas, como si fuera la comprensión propia de aquellos gentiles, porque esta afirmación tenía el alcance de defender a los suyos con el argumento de que los incas alcanzaron tal entendimiento por la luz natural de la razón. Por consiguiente, sólo les faltó la luz de la revelación. Lo que se sigue de esta argumentación no lo dijo pero se deduce, esto es, una vez alcanzada la revelación cristiana serán capaces de autogobierno propio.

LAS FIGURAS Y LEYENDAS DEL DIBUJO

Este marco tiene la forma de una pared del templo Koricancha, de la pared de uno de los muros cortos con hastial. Vemos que las figuras y las leyendas están dispuestas en este marco como las esculturas o pinturas en un retablo cristiano y que ocupan todo el interior del marco. Vemos que en la parte superior las figuras y las leyendas evocan entidades o sea criaturas del cielo, mientras que las figuras y las leyendas que evocan objetos de la tierra ocupan la parte inferior, hasta un rectángulo cuadriculado, parecido a una red de tenis o a un pedazo de túnica ajedrezada. Pachacuti ha escrito la siguiente leyenda a cada lado de este rectángulo: “Collcampata y la cassa estaba todo afixado (=a) con plancha de oro, (la casa) llamado (=a) Coricancha Huaçi”. “La casa llamada Coricancha” (“huaçi” significa “casa”), es el templo del Sol de Coricancha, en el que justamente se habría encontrado según nuestro cronista este presunto retablo. En esta leyenda, la yuxtaposición de Collcampata y de Coricancha plantea un problema interesante, cuya solución sin embargo no es imprescindible para explicar esta parte del dibujo. Al reunir las palabras “casa”, “collcampata”, y “coricancha” es presumible que Pachacuti ha mezclado la referencia al Coricancha con otra al “segundo templo del Sol”, o sea al que se encontraba en Sacsayhuaman y al que “los naturales ‘llamaron Casa del Sol y los nuestros la Fortaleza.

En medio del cielo está el óvalo vertical que representa la plancha de oro del Dios Viracocha Pachayacháchic. Hay que subrayar que, según el concepto de Pachacuti, está se encuentra en medio de las figuras. Pachacuti afirma claramente este punto esencial: “en medio, donde estaba la imagen del hacedor”. Por consiguiente, las criaturas estaban alrededor de él: en toda la redonda o rededor de la plancha (del hacedor) dicen que puso.

Las inscripciones manuscritas en quechua, que se encuentran a cada lado del óvalo y continúan a la derecha del marco, definen así al Dios: “Imagen de Viracocha Creador del Mundo o imagen del Principio o imagen que tiene a Tunapa como mayordomo. Señala diciendo: – este sea varón, esta sea mujer, Lo que hace recordarlo. Sol del sol, Creador del universo”. Todas estas definiciones y metáforas forman parte de la tradición católica. “Creador del mundo”, “Imagen del Principio” aluden a la primera frase del Génesis, a la creación del mundo. “este sea varan”, etc., alude a la creación del hombre y de la mujer, Adan y Eva. Dios tiene a Tunapa por “mayordomo” porque Tunapa-Santo Tomás, según Pachacuti, era apóstol, mensajero, servidor o sea “mayordomo” de Cristo. “Sol del Sol” es una metáfora cristiana que significa que Dios es el verdadero Sol, es decir la verdadera fuente de luz espiritual y material, la que hace brillar el sol del cielo.

LAS FIGURAS Y LEYENDAS DEL DIBUJO

Encima de él, según miramos el dibujo, están cinco estrellas, con la leyenda “orcorora, tres estrellas todas iguales”. Estas estrellas forman una cruz que evoca las cruces que rematan los retablos o las portadas de las iglesias. Sin embargo debo señalar que, según Lehmann Nitsche, la estrella que está contra la curva inferior del óvalo ha sido añadida por F. de Avila. Si esto es exacto, habrá que atribuir a Ávila aquella combinación anagógica complementaria.

Abajo del óvalo están cuatro estrellas que forman una cruz en posición inclinada. Dos de ellas tienen por nombre saramanca y cocamanca pero lo que evidentemente importa, sobre todo al autor, es el nombre “chacana en general”. Chaca significa en quechua “cosas cruzadas” (cf. Gonzalez Holgufn: “escalera”) y “chacana” designaba tres estrellas que los españoles llamaban “las tres Marias”.

En la sección superior del cielo, además de las dos constelaciones cruciformes, vemos otros cuerpos celestes: el sol a la izquierda de Viracocha y la luna a su derecha: debajo del sol, y también a la izquierda del óvalo, está Venus o sea el lucero de la mañana-, y debajo de la luna, a la derecha del óvalo, esta Venus o sea el lucero de la tarde, cada una con dos nombres distintos en lengua vernacula. Venus de la mañana tiene por nombre chazca coyllor y también achachi uriiri, con el sentido en aymara de “viejo” o “abuelo”. El lucero de la tarde va con el nombre choquechinchay (“otorongo de oro”) y también apachi Orori (“vieja” o “abuela”). Debajo del lucero de la mañana vemos un grupo de catorce estrellas con el nombre uuchhu o uuchu, y debajo de ellas una estrella llamada catachillay. Después encontramos figuras y nombres que se refieren a las estaciones del año y a los movimientos atmosféricos: las palabras “verano” e “invierno”, la palabra pocoy (que significa “el tiempo de maduración de las frutas”), una nube dibujada con leyenda “nube”, las palabras “niebla” y “granizos” el rayo, y el arco iris. Con esto termina el sector de las entidades del cielo y de las cosas que van del cielo a la tierra.

El sector de la tierra contiene las figuras siguientes. A la extrema derecha, un cuadrúpedo con la leyenda coa o chuquechinchay, siendo el chuquechinchay, según el mismo cronista, “el padre de los otorongos” y, además, uno de los nombres de Venus de la tarde. A la izquierda, con la designación global “el mundo o la tierra” están figurados en un círculo tres cerros y el manantial de un río, con la leyenda: “Pilcomayo”. Dentro del círculo leemos también la palabra mama pacha (“la tierra y la madre de las tierras”) que va junto con camac pacha (“tierra fértil”), escrita fuera del círculo. Debajo vemos siete pequeños círculos con la leyenda: los ojos, ymaymana ñaoraycunap ñauin. A la derecha, viene dibujado otro sistema hidráulico natural con el puquio que es el manantial, con la acequia que lleva el agua a la mamacocha (que es “el lago madré y la madre de los lagos”). A la derecha hay un árbol. Entre los dos sistemas hidráulicos naturales hay un hombre y una mujer. No hay duda posible acerca de la identificación de esta pareja, ya que el mismo Pachacuti puntualiza en su comentario escrito arriba en el dibujo que se trata de la primera pareja creada por el Hacedor, es decir Adán y Eva (“éste sea varón, ésta sea mujer”). Debemos notar que el cronista ha querido disponer las entidades del sector central vertical de su dibujo también con una intención simbólica. Arriba está Dios, el rey del mundo, el Señor “del cielo y tierra”, e inmediatamente debajo de él, está el hombre rey de la tierra, a cuyo servicio están todas las demás criaturas, según la filosofía cristiana de la Creación. Pachacuti adopta el concepto cristiano de oposición entre macrocosmo y microcosmo.

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